jueves, 14 de febrero de 2013

Empatía aplicada al conferenciante

Cada vez que me planteo asistir a una charla, me surge una duda previa: ¿me contarán lo que ellos quieran contarme o lo que yo he venido a oír? Y es que tras muchas conferencias a mis espaldas arrastro variadas decepciones derivadas de la incongruencia título-realidad. ¿Por qué creí que venía a aprender sobre Comunicación digital y salgo conociendo todo tu portfolio de productos? ¿por qué creí que iba a aprender algo nuevo y sólo he visto una sucesión de generalidades? Pues básicamente por un triple problema (exceso de expectativas, falta de gestión del tiempo y ausencia de humildad) que se resumen en uno solo: falta de empatía.

La "culpa" no es siempre del otro: el exceso de expectativas viene generado en muchas ocasiones por uno mismo. No hay que acercarse a un seminario de Comunicación Móvil gratuíto cuando uno es un experto en comunicación y ya ha tenido algunas experiencias en ese ámbito. Muy probablemente el nivel sea inferior al esperado. No hay que ir a un curso de 20 horas de analítica web para refrescar conceptos cuando se lleva trabajando con Google Analytics un par de añitos: es posible que te aburras soberanamente. Pero tampoco me parece bien llamar a un curso "Social mobile: el camino móvil al consumidor" y dedicar tres horas a comentar apps curiosas (y además cobrar). Así se genera frustración: las expectativas son un camino de ida y vuelta!

Sobre la gestión del tiempo, ¿qué puedo contar que no hayamos sufrido todos, organizadores y/o asistentes a eventos? Todo preguntas retóricas, sin respuesta. ¿Por qué si tienes 20 minutos dedicas 10 a autopresentarte y conta la historia de tu empresa si yo quería oir un case study? ¿Por qué si el ponente anterior se ha pasado 15 minutos de su tiempo, no adaptas tu discurso para al menos devolverme 5 minutos de mi tiempo? Y más importante que eso, ¿por qué el anterior ponente se ha pasado 15 minutos? ¿No lo había preparado previamente? ¿No respeta mi tiempo? o... ¿le gusta mucho oírse? Voto por la opción C, aliñada con dosis de B.

Y finalmente llego a la falta de humildad. ¿Tenemos realmente algo interesante que contar? En muchas ocasiones me he encontrado con expertos que me contaban verdaderas NBI (Nice But Irrelevent) . ¿Quién concede el título de expertos? Ante la posibilidad de dar una charla, deberíamos realizar previamente un autodiagnóstico:
- ¿Estoy preparado?
- ¿Tengo algo que contar?
- ¿Sé contarlo?
Y una vez respondidas afirmativamente las 3 (o al menos las 2 primeras y con ayuda en la última) preparar bien nuestro discurso pensando en lo que el público está interesado en escuchar.

Y aquí llego al quid de la cuestión: EMPATIZAR. La empatía pasa por ponerse en el lugar del otro y eso es fundamental cuando preparamos un curso, una charla, un discurso.  Darle al que viene a oirme lo que quiere oír, no mi película. Saber qué quiere aprender, qué expectativas trae, con qué nivel cuenta...

Ponerse en su lugar porque como oí hace muy poquito en una (buena) intervención: al humano le hace falta muy poco para forjarse una opinión de alguien y (esto ya es de mi propia cosecha) posiblemente los 5 primeros minutos de atención sean suficientes para sentirse frustrados o tremendamente interesados.