domingo, 13 de febrero de 2011

Hero

María sintió que algo le tocaba la pierna. Miró hacia abajo y encontró unos ojos oscuros y tiernos en una cara peluda. Un joven cocker canela de pelo muy rizado se había metido entre sus piernas y las patas de la mesa y la miraba atentamente. O quizás miraba atentamente la tostada de tomate y aceite de la mesa, aún por terminar.
- ¡Chico! ¿qué haces aquí? - Encantada de la vida, María la acarició la cabeza y levanto la vista al tiempo que una voz masculina decía "¡Hero! ¡Ven aquí!". En esta ocasión, María se encontró con unos ojos menos tiernos, pero igual de oscuros, quizás algo avergonzados por el atrevimiento del perro, quizás algo interesados en ella.
- Perdona, se me ha escapado - dijeron los ojos
María sonrió radiante, con esa sonrisa que sólo se tiene un sábado soleado por la mañana, cuando has aprovechado el día y te sientes cómoda en tu propia piel.
- No pasa nada, es monísimo.
- Gracias, pero ya debe de estar cansado de pasear y se quiere tomar unas cañas. Es un golfo. - bromeó él.
María rió divertida con la ocurrencia, quizás más divertida de lo que en realidad había sido,y se dirigió al perro:
- Un poco pronto para las cañas Hero, es más la hora del café ¿no?
Levantó la cabeza y se miraron con interés. Era guapo. Bastante guapo. Guapo a las once de la mañana, y ella se había dado cuenta. Y él sonreía...
- Si, quizás mejor un café así que vamos a ver si nos hacemos con uno. ¡Vemos Hero! - giró sobre sus talones - ¡Hasta luego!
Hero no tenía ninguna intención de moverse. María había encontrado un lugar genial detrás de su oreja derecha donde rascarle. Olía genial y tenía comida sobre la mesa. Su amo podía irse a por un café, él se quedaba donde estaba.
- Me parece que no quiere irse - dijo María entre risas complacidas, dándole una palmadita en las posaderas - ¡vamos chico!
- Ya, ya veo - él había vuelto a girarse y se había cruzado de brazos. Un tío serio, medio sonriente - Parece que le gustas - Silencio. Sonrisa - Bueno, al menos, tiene buen gusto. - Sonrisa más amplia de ella.
María respiró. Respiró más fuerte de lo que respiraba normalmente. De hecho, tomó aire. En su mente había aparecido una idea, fruto de asociaciones. Es guapo, parece majo, tiene un perro que se quiere quedar conmigo, él ha dicho que el perro tiene buen gusto... ¿Qué pasaría si...?
- ¿te apetece tomarte el café aqui? - las palabras habían salido de su boca sin permiso, seguidas de una sonrisa tímida.
El la miró, la sonrisa se mantuvo y luego perdió fuerza. Hero notó cómo una idea había aparecido en la mente de su amo. La idea de siempre, que siempre frustaba sus intentos de hacerle cambiar de vida. No importaba que él seleccionara los momentos ni las personas, que encontrara para él sonrisas a las 11 de la mañana. Conocía esa mirada, ese cambio de luz que había aparecido en sus ojos tras la sonrisa.
- Gracias pero no puedo. ¡Vamos Hero! - agarró al perro del collar, y se marchó.

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